[Oslo] El uso occidental de resentimientos como pretextos en la crisis económica.

Rómulo Pardo Silva

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Las diferencias de religión, cultura, raza, ideología suelen provocar tensiones personales que cuando hay inestabilidad material y se ha hecho una propaganda política de odio pueden transformarse en fobias de masas.

La aceptación del fascismo con su discurso xenofóbico, racista, monocultural, ocurre fundamentalmente por los temores durante una crisis económica. En la inseguridad de poder alcanzar o conservar un determinado modo de vida grupos optan por la expulsión de los otros agitando esas actitudes latentes.

 

Una característica humana es sentir desconfianza, temor, rechazo, odiosidad hacia otros -vecinos, homosexuales, extranjeros, familiares- que se pueden disipar por la experiencia o mantener en un ámbito privado. En los momentos materiales difíciles los nazis se encargan de enconar y masificar estas tendencias dirigiéndolas hacia sus metas políticas.

 

Los blancos del primer mundo no experimentan necesariamente rechazo hacia las personas de sociedades distintas. Los norteamericanos invitan a migrar a California a jóvenes indios y chinos para incorporarse a la industria de computadores y semiconductores, los latinos son recibidos en las empresas agrícolas; los europeos se establecieron gustosos en medio de la población negra de África y de los aborígenes de América indígena. Si ganan en bienestar económico no tienen objeciones para convivir, incluso dentro de sus hogares, con hombres y mujeres diferentes.

El verdadero fin económico se demuestra en el hecho de que el odio se dirige al mismo tiempo a los connacionales: marxistas culturales, multiculturalistas, antisionistas, izquierdistas. Escribió Breivik:G “La lucha contra las élites multiculturales en Europa no debería ser superior a 45.000 muertos y un millón de heridos”.

En tiempos de crecimiento y bienestar los fascistas deben esperar porque no encuentran acogida. En los de cesantía, inestabilidad del empleo y malos negocios aprovechan el miedo y la ira social para difundir su violencia y llegar al poder político.

 

Hoy se vive una crisis que irá a mayor, por tanto se hace fácil la idea de que hay que expulsar a los diferentes para distribuir entre menos. Las víctimas son los pobres del sur. Ser extranjeros, tener otras costumbres, otra forma religiosa, otro color, otro idioma, son las simulaciones.

 

La masacre de Noruega, un país bastante seguro, es parte de una situación general en países desarrollados y en desarrollo occidentales. Anders Behring Breivik, partidario del libre mercado, amigo del sionismo, lleno de odio con el publicitado discurso antiislam, antimarxista, antimulticultural, asesinó a compatriotas blancos cristianos. Como los dictadores latinoamericanos, masacró a defensores de personas explotadas en el sistema.

La red nazi donde milita Breivik lo comprendió. Stephen Lennon líder de la Liga de Defensa Inglesa explicó que la masacre de Noruega muestra desesperación, frustración, indignación de algunas personas en Europa. En Italia el legislador europeo Mario Borghezio de la antiinmigrante y antiislámica Liga del Norte calificó ideas de Breivik como positivas o estupendas oponiéndose a que sean criminalizadas. Francesco Speroni del mismo partido, exministro de Berlusconi, sostuvo que con sus ideas Breivik defiende la civilización occidental. El francés Jacques Coutela del Frente Nacional justificó el ataque como forma de combatir la invasión islámica y calificó a Breivik como un “ícono” y “el principal defensor de Occidente”.

Los fascistas proporcionan interesadamente una literatura a la puja de sectores obreros y de las capas medias por acomodarse durante los períodos de caída.

 

El escape ideológico cíclico nazi será funcional mientras esté el capitalismo, el más fuerte en competencia con el prójimo. En cambio sus ‘anti’ no caben en el socialismo que siempre, y más aún durante las situaciones difíciles, promueve la unidad solidaria de toda la humanidad con sus diferencias. Lo que hacían las víctimas de la isla de Utoya en Oslo.

El disfraz épico para asegurar el consumo no resiste preguntas. Si los países desarrollados de blancos cristianos se transformaran en lugares poco habitables por el cambio climático, ¿ellos migrarían para convivir con los diferentes en otros continentes?, ¿o se quedarían resguardando de lo extranjero su razas, religión y cultura?

Contacto romulo.pardo@gmail.com

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