[Opinión] La Sangre jóven de los indignados.

La sangre jóven de los indignados
Por Pablo Jato

¿Puede un grupo de jóvenes cambiar el curso de la política internacional?
Lo sucedido en Egipto, en Libia, en Siria… lo que sucede en España, en
Grecia, en Chile… sigue siendo analizado con lupa por la elite del poder.
Han descubierto que no todo estaba controlado.

Tratan desesperadamente de desacreditar esta revolución, sin líderes.
Atípica. Tratan de sofocar este incendio surgido de la nada. El motor de
casi todas las revoluciones suele ser el hambre, por encima de la
injusticia y la falta de libertad tal vez. En este caso no. Hay muchos
tipos de hambre y la falta de un futuro puede ser de las peores. La clase
política, el sistema (si quieren llamarlo así) tiene tantas ansias de
controlar el futuro a su favor que lo han ahogado, lo han extirpado de la
ecuación. Solo hay futuro para ellos, sus fortunas, el poder.

Zarcozy, como socio laureado de este club o este sistema, ha llegado
incluso a desatar el tema tabú: “controlar internet” de una vez por todas.
Ha llegado incluso a prohibir la mención de facebook o cualquier otra red
social en los medios de comunicación franceses y pide que todos los
gobiernos sigan su ejemplo. Facebook se ha convertido en enemigo. En una
vena que hace circular la sangre de los jóvenes indignados del mundo. Este
invento nacido de la guerra fría, creado para las comunicaciones militares
en caso de una guerra nuclear, ha terminado siendo el peor enemigo de la
esclavitud moderna, de los dictadores modernos. Comunicación, usada por
los jóvenes para entrelazar su indignación ante la corrupción política,
ante la falta de ideas, ante la inmovilidad de la justicia, ante la
corrosión de los ideales. Ante la mentira.

Por desgracia, los políticos controlan el resto de los medios de
comunicación, los sindicatos, las empresas, la economía… La opinión
pública vive amaestrada.  Por eso los jóvenes salen a la calle porque es
el único espacio que les han dejado. Pero ¡vaya espacio! es el más
contundente, el mejor, el más amplio.

Me gusta verles en las calles, que salgan de una vez, salgamos de una vez
todos unidos, única forma de generar la fuerza suficiente.

No seamos ingenuos; les aguarda toda una estrategia para acabar con ellos.
De entrada el palo, el golpe, la presión policial. Luego el agotamiento,
simplemente no hacerles caso hasta que se vayan a casa de una vez y la
gente se olvide de ellos y de lo que pedían. Dejar las vías libres, para
que los corruptos sigan barriendo la libertad.

El bombardeo en medios de comunicación, tachándolos de violentos, diciendo
que son ellos los que pegan a la policía, que la policía se defiende, que
los manifestantes son malos porque no permiten el paso a los trabajadores
del parlamento, de las cortes… dirán que atacaron con botellas, hasta con
tijeras… dirán todo lo que sea necesario para que la gente les vea mal, y
termine siendo la gente la que les expulse de la calle.

La corrupción que permite la violencia policial sin medida y con toda
impunidad, también falseará cargos, encarcelará con falsos testimonios y
testigos. Asegurarán que son ellos los defensores y los atacados, que son
estos melenudos impertinentes y descontrolados, rojillos anacrónicos con
la hormona suelta los que están creando el problema.

Dividirán, haciendo que se peleen en público un grupo con otro, indignados
contra 15M y viceversa. Divide y vencerás… y por supuesto, introducirán en
todos los grupos elementos violentos, elementos que hagan el trabajo
sucio, que reconviertan esta revolución en una rabieta sin sentido,
agresiva y antisistema. Gente que atacará a la policía para obligarles a
cargar con todo lo que tengan a la mano. Convertirán el movimiento en algo
negativo. Llenarán los grupos de otros grupos controlados por la policía y
el sistema, temeroso de perder su capacidad de control. Harán cualquier
cosa.

Que no se dejen engañar, que no desistan, que los indignados jamás
devuelvan el golpe por muy duro que esto pueda parecer. Que aprendan de
Gandhi, que al final expulsó al imperio británico de la India, algo que en
esa época muchos aseguraban que era imposible. Consiguió su objetivo sin
violencia, con tenacidad, insistente y sobre todo, en la calle.

Que los movimientos no se cansen de gritar, que sigan adelante,
demostrando su pacifismo, sin actos violentos, que no caigan en la trampa.
Que las cámaras no tengan ni una sola imagen de violencia de los
indignados que llevarse a la boca.

Que no se dejen engañar, que usen internet mientras les sea posible, antes
de que lo cierren y lo opriman, antes de que la cacería de brujas
cibernética comience.

Que no se aburran, que no se rindan, que no dejen la calle. Que griten
fuerte y alto, lo más alto y lo más fuerte que puedan, que se escuche en
todo el mundo y se contagie esta indignación que es universal.

Todo el mundo está harto, todo el mundo comparte esta desazón, esta
amargura creada por tanta corrupción, tanta mentira, tanta falsedad. La
clase política está acabada, pero sigue ahí, controlándolo todo, con más
fuerza si cabe porque se siente más vulnerable. Sabe que está débil, que
la gente ya no les cree.

Esta “revolución española”, como la llaman fuera de España, tiene muchos
ojos y esperanzas, las de de miles, las de de millones de jóvenes que solo
pueden verla en la televisión. Es una chispa capaz de a encender la
higuera, si no, no estarían los políticos tan nerviosos. Es una esperanza
de cambio, pequeña, pero poderosa. Que no se deje pasar esta oportunidad
de conseguir lo imposible, lo que todos creen imposible. Si se deja ir, el
futuro de toda esta generación estará abocado a la esclavitud moderna. Su
futuro seguirá prisionero de los caprichos de unos cuantos.

Este movimiento es esperanza, algo tan extraño ya en estos días que suena
hasta peligroso. Esperanza de un cambio sin dirección ni cabeza, porque es
es lo que es, esperanza pura en un cambio. Da igual si es en una dirección
o en otra siempre y cuando se acabe con la corrupción y la tiranía de un
sistema agotado.

Esta revolución no tiene partidos políticos, no tiene cabezas parlantes,
ni sindicatos o radicales profundos. No tiene líderes que salen en debates
electorales. Tiene sangre, la de los jóvenes que hierve, que seguramente,
terminará en la calle, en el suelo, tras los golpes de la policía.

Es indígnate ver lo que ocurre y no hace falta tener 20 años o estar sin
trabajo para estar molesto, para tener esta sensación tan negativa
respecto a los políticos, sus palabrerías, sus excusas, sus mentiras… cada
día más relamidas, más obvias, más absurdas, más insultantes.

El sistema no es tan duro, ni tan hermético. Se puede cambiar, se puede
tirar el muro, se puede derrumbar este gigantesco pedestal, porque no es
tan fuerte como nos lo quieren pintar. Es frágil en el fondo, tanto, que
con solo salir a la calle y gritar ya se le hace temblar.

Que no decaiga este espíritu, ni estas ganas de cambio, porque esa es la
sangre del futuro. Esperemos que no se derrame en esas mismas calles. No
lo permitamos. La esperanza no es peligrosa y nunca debe ser aplastada por
la corrupción. Que no se ahogue esta revolución que brilla con fuerza,
brilla con la timidez y la pequeñez de una estrella en la distancia, pero
que está haciendo soñar a muchos que ya se habían olvidado de soñar.

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One Comment to “[Opinión] La Sangre jóven de los indignados.”

  1. Solo decir que estoy deacuerdo con lo expuesto, también en que la chispa prendiera en los jóvenes, los que tienen energía, pero sobre todo los que tienen compromiso con la humanidad, por encima del egoismo individual y los que tienen la capacidad de reflexión aún operativa, pero estoy en desacuerdo en que sean los únicos actores, estoy participando en las asambleas en la medida en que puedo, tengo 47 años y no soy el único que ya no es tan joven.
    Precisamente una de las cosas que creo llena de fuerza estas reividicaciones y protestas, este movimiento o revolución mundial, es que la desarrollamos todos sin esclusiones, pues, quién no sufre y sufrirá las políticas neoliberales, a todas luces antipoblacionales, antisociales, de las cuales sólo se benefician los banqueros, las mega empresas y la casta de los políticos?.

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